El Mono Empalado 10

Cuando apreció la moda del LSD, Hans pensó que encontraría respuesta en los alucinógenos y guardaba siempre una buena provisión en la nevera junto con la marijuana. Pero después de un año, dejo de tomar acido porque el asunto no le llevaba a ningún lado. La primera vez que volvió a casa bajo el efecto del LSD y metió la llave en la cerradura y se identificó con la cerradura, el mundo entero se puso patas para arriba, pero después de una docena de experiencias sus percepciones psicológicas no le aportaban nada nuevo. Su tesitura era esta: Muy bien, me convertí en cerradura ¿y ahora que? Se unido entonces en la drepresion.
La graciosa y equilibrada Helena volvía entonces de su trabajo en una tienda de material para artistas y preparaba la cena, escuchando los desvaríos de Hans durante horas. Ella pensaba que tendría que someterse a un tratamiento de desintoxicación pero Hans no estaba convencido. Estaba en un callejón sin salida y cada vez aceptaba menos compromisos de trabajo y pasaba cada vez mas horas en el sofá. Cuando fue a ver al viejo swami en New York hacia semanas que no había salido del edificio.
Bajando pues por la Segunda Avenida, Kary paso frente al Salón Fillmore, que por aquel entonces era el santuario del rock and rol. Él lo conocía muy bien porque había venido a escuchar a Jimi Hendrix, The Rascals, The Yardbirds y The Animals. Era todavía temprano y el Fillmore estaba todavía oscuro pero a pesar de todo él escuchaba una música y pensó que tal vez hubiera una banda de rock ensayando dentro, pero al cabo de un momento se dió cuenta que la música no provenía de allí sino de dos gigantescos altavoces que habían instalado en el 26 de la Segunda Avenida que estaban tocando una grabación del swami cantando el maha-mantra. En plena calle y al lado de los altavoces había un grupo de gente que bailaban, tocaban los tambores y aporreaban los karatalas mientras cantaban Hara Krshna. El mantra era en verdad extático y contagioso. Era como el rock and rol.
Kary se abrió paso entre un grupo de críos puertorriqueños, borrachos y un sinnúmero de desocupados. Los que bailaban no tenían esa expresión perdida que el había visto en el Fillmore de aquellos que se apiñaban alrededor del escenario y levantaban los brazos, completamente bajo los efectos del LSD, creyéndose la reencarnación de Isadora Duncan. Estos que tenia delante ahora, mas bien parecían estar serenos y felices.  


Pilló una bocanada del olorcillo que emanaba de dentro del local y se abrió paso entre os asistentes para mirar a través de la ventana. ¡Se quedó sorprendido al ver una pintura circular de una pareja colgada sobre un sitial cubierto de flores. El hombre de la pintura mostraba un rostro azul y estaba tocando una flauta. Kary se paro un instante a estudiar tan extraña pintura, luego miró alrededor y pudo ver un anuncio escrito a mano, pegado en la ventana, cerca de la puerta de salida y se acercó a él para ver que ponía: "Todos los devotos que hayan recibido la iniciación deben asistir a la clase de por la tarde. Deben abandonar todo tipo de intoxicantes, incluido el café, el te y los cigarrillos. También les esta prohibido el tener sexo ilícito y deben mantenerse estrictamente vegetarianos así como no deben mezclarse con los que no sean devotos y no deben perder su tiempo en conversaciones mundanas ni deportes frívolos. Deben cantar constantemente los nombres del Señor. Hare Krshna Hare Krsha, Krshna Krshna Hare Hare/ Hare Rama Hare Rama, Rama Rama, Hare Hare.A.C. Bhaktivedanta Swami, Acharya.
Kary se sentía muy sorprendido por la rigurosidad del anuncio. Pensaba que si una religión no exigía disciplina no podía ser nada bueno. Eso era exactamente lo que estaba pasando con el catolicismo de sus padres. Uno confesaba sus pecados, los volvía a cometer y se confesaba de nuevo. Y luego estaban los gurus sentimentales, a la altura de los hippies, como Maharishi Mahesh Yogui que lo ponía todo demasiado fácil. Basta con que repitas una retahíla de sílabas durante un cuarto de hora al día y reinara la paz en el mundo. ¡Que se lo vayan a contar a otro!
Kary era de los que pensaban que conseguir la iluminación debía ser algo muy difícil de conseguir. Las personas santas no subían hasta los Himalayas para pasar el día entero meditando sobre una cueva tan solo porque querían estar solo. Resultaba obvio que este swami había entendido lo que significaba la disciplina. Aquí estaba por fin alguien que no venia vendiendo la salvación instantánea, como quien se toma un Nescafé.
Una vez que terminó el kirtan, Kary se encontró rodeado de devotos sonrientes, que se mostraban amigables pero no pesados. Lo invitaron a entrar en el templo y compartir con ellos el prasadam. Cuando este se quedó boquiabierto, sin comprender nada, aquellos le explicaron que prasadam quería decir misericordia. Se trata de la comida santificada que ha sido ofrecida a Krsna.
Kary se sumó al grupo y pudo degustar una sopa de mung-dhal, vegetales cocidos, arroz blanco, chutney de pera y chapátis, una especie de tortilla mejicana hecha con trigo. Se sentó junto a un tipo que cojeaba, con la cabeza rapada y ojos vivos u expresivos, quien se presentó como el cocinero. Mi nombre es Kirtanananda, pero aquí me conocen como "Kitchenananda" un honor otorgado por el swami en reconocimiento del bien hacer en su labor de cocinar prasadam. Kirtannanda le contó que antes de que el swami lo iniciara, se llamaba Keith Ham y era estudiante en Columbia. Pero, añadió con un aire de superioridad y un tono de voz de auto convencimiento que había decidido formar parte de la historia religiosa, antes de escribir sobre ella.
Kirtanananda giro la cabeza por la pequeña habitación, donde la gente estaba sentada en esterillas mientras tomaban prasadam en finos platos. Señaló a un joven de cabellos negros y rizados que llevaba un rosario al cuello que se trataba de Mukunda, un músico de jazz cuyo nombre occidental era Michel Grant. El otro chico moreno que estaba sentado a su lado era Howar Wheeler, el amigo intimo de Kirtanananda. Hayagriva estaba ayudando al swami a traducir el Bhagavad Gita. Kirtanananda hizo una pausa y luego siguió enumerando a los demás devotos. La pintura que le hizo fue en verdad idílica. Se cuidó muy bien de contarle que tan solo unos meses antes a él lo habían internado en el manicomio de Bellevue. 
 
Kitanananda-Keith Ham- se despertó hambriento. El templo iba ganando cada vez mas devotos pero andaba siempre escaso de dinero. Las pocas monedas que los visitantes depositaban en el cesto de mimbre al final del kirtan o después de la clase del swami, no bastaban ni para cubrir todos los gastos, ni siquiera las facturas de la comida.
Se incorporo pues de la cama y siguiendo el ritual prescrito, se untó trece veces el cuerpo con arcilla sagrada, proveniente de los ríos de India. Hoy era un día importante ya que deseaba hacer algo bueno. Se puso pues el dhoti, y se atusó la sikha.
Eran casi las nueve cuando salió del templo. Las cabezas se giraban para mirarlo cuando atravesaba el Village y se dirigía a una entrevista con el departamento de la Seguridad Social. El se imaginaba que si conseguía una prestacion del gobierno podría ayudar a la economía del templo. La ciudad de New York no iba a resentirse porque hubiera una persona mas en su ya abultada lista de beneficencia.
Cuando llegaba a la oficina eran poco mas de las nueve treinta y había ya una pequeña cola, por lo que tuvo que esperar. Se sintió pacientemente en una de las sillas verdes y cantaba en silencio sus rondas. Ni siquiera se percató de que era el blanco de las miras de los niños y sus madres. Esto ocurría apena una hora antes de que lo metieran en el trullo.
"Hare Krshna", saludo al funcionario que iba a interrogarlo. Éste no se digno responder y no se había todavía sentado cuando el otro lo estaba ya acribillando con preguntas. El funcionario apuntaba las respuestas en su cuaderno y no lo dejaba ni tan siquiera terminar una respuesta cuando le estaba ya lanzando la siguiente pregunta. Unos minutos mas tarde, sacó un formulario y se lo presento a Keith diciendole que para poder encuadrarlo tenia que pasar un test psiquiátrico.
Keith no dudó en firmarlo, pensando que se trataba tan solo de aportar su consentimiento para ser examinado. En realidad lo que estaba haciendo era darle a los doctores autoridad total para disponer de su persona. El funcionario psiquiatra que comenzó la primera entrevista llegó a la conclusión de que la vestimenta de Ham así como sus extrañas respuestas exigían someterlo a otras pruebas y mandó a Ham a Bellevue para que lo pusieran en observación.
Una vez dentro, Ham se consumía tratando de convencer a los doctores para que lo soltaran. Se pasó noches enteras sin pegar ojo, a causa de los aullidos de los demás internos, al punto que sus ojos se le hundían en sus cuencas y se cubrían de ojeras.
El hospital no quiso acceder a su demanda de una hoja de afeitar para raparse la barba, lo cual le confería una figura salvaje, casi un aspecto de demente. No quería hablar con los demás pacientes y pasaba todo su tiempo leyendo, lo cual dio pie a que los medicos lo consideraran anti-social.
Wheeler y varios devotos mas que pasaban a visitarle casi a diario, lo incitaban a que guardara la calma y le recomendaron que les siguiera el juego para que de este modo los doctores le dejaran salir. Él siguió el consejo y procuraba empalizar con todos los pacientes. Les hablaba del swami y de su dios azul, Krshna, con lo cual no solo no convenció a los doctores de su buena salud mental sino que se confirmaron en su tesis de que estaba aun mas loco de lo que ellos habían imaginado. Asi pues le diagnosticaron una esquizofrenia aguda y por ello constituía un peligro potencial para el mismo y tal vez para los demás
Todo parecía indicar que se estaba yendo de cabeza a una celda de alta seguridad.
El swami se tomo la encarcelacion de su discípulo predilecto como una prueba mas de que este mundo era una jaula de locos. Para el guru, el hecho de malgastar la vida entera corriendo detrás del dinero con el fin de comprar una casa y llevar una familia, para que los hijos,  el día de mañana puedan hacer lo mismo, era todo una locura.
El swami pensaba que Kirtanananda era un buen chico que estaba haciendo mucho progreso pero ¿que hacia America? Lo vigilaba, lo detenía y lo encerraba. America, según Prabhupada no era mas que un sitio de locura.
Al final, Howard Wheeler tuvo que ingeniárselas para sacar de allí a su amigo. Llamo al poeta Allen Ginsberg, que pasaba a menudo por la Segunda Avenida para cantar y hablar con Prabhupada. 
Ginsberg no era mas que una amalgama de budismo, hinduismo. Tenia mucho de impersonalista y algo de Walt Whitman, mas bien que un devoto de Krsna,: Pero sentía una profunda atracción por Prabhupada y estaba convencido ademas de que existía un gran valor espiritual encerrado en el Maha Mantra. Wheeler dijo al poeta de que Ham estaba atrapado en los calabozos de Bellevue y le pidió su ayuda. Ginsberg se puso en contacto con un psiquiatra de la escuela de Jung de nombre Dr. Edward Hornick quien examinó a Ham y escribió un informe muy positivo afirmando que el paciente no era mas que un seguidor en sus cabales de una autentica religión oriental.
Bellevue no estaba dispuesto a dejar irse uno de sus internos sin presentar batalla y rechazó el alta. Pusieron como condición de su salida que algún miembro de su familia firmara un papel aceptando su custodia, aunque se trataba de un hombre de treinta años.
El conseguir ese tipo de firma era casi tan enrevesado como intentar convencer a los psiquiatras de que Ham no había perdido la cabeza. La relación de Ham con el fanático de su padre era "tensa", por llamarlo de una forma suave. Ham paso días y días escuchando las peroratas salvajes de sus compañeros cuando él ponderaba sobre lo que le iba a contar a sus padres. Cuando ya no pudo resistir mas, se armo de coraje, agarro el teléfono y llamó a su padre a cobro revertido.
Intercabiaron varias bromas entre ellos y de pronto Keith intento explicarle donde estaba y porqué. La reacción del Reverendo Ham fue mucho mas terrible de lo que Keith hubiera esperado. "¡Satanás! el reverendo grito al teléfono. "Satanas, eso no es otra cosa que obra del diablo." Ham intento explicar, seducir y argumentar, pero no sirvió de nada. No quiso dejarse influenciar. Dijo que prefería mil veces que su hijo permaneciera en una institución psiquiatrica antes que en las garras de un guru de mirada salvaje. El predicador rechazó por completo echar una mano a su hijo , al menos que decidiera volver a casa. Keith intento todos los trucos para cambiar la actitud de su padre, pero todo falló. Al final cedió y prometio que volvería.
El Reverendo Ham se presento con su coche hasta New York a la mañana siguiente y firmo el alta de su hijo en Bellevue. Cuando por fin se encontraron en la sala de espera, El Reverendo Ham chocó la mano de su hijo. El ministro se mostró frio y carente de toda emoción, pero en cuanto su hijo se instaló en el asiento delantero del coche, aquel se caldeó. Keith iba balbuceando sobre lo impresionado que estaba de poder volver de nuevo al hogar, mientras se habrían camino por el denso trafico de New York. Le explicó que no había podido dormir como dios manda ni una sola noche de su encierro y se quedo dormido sobre el asiento. Aparento que dormía, mientras que el reverendo se concentraba en la conduccion. Se pararon entonces en un semáforo y Ham aprovecho la ocasión para abrir de repente la puerta del coche y salió corriendo todo lo que su pata coja le permitió.
¡Satanás! ¡Satanás! Le escucho gritar a su padre, mientras él doblaba la esquina. "Satanás!
Ham llevaba ya dos meses escapado de las garras de los psiquiatras antes de que Hans Kary pusiera el pie en el templo. Muchos devotos se había unido al movimiento y muchas cosas habían ocurrido, con lo cual su incidente era ya una vieja historia. Los devotos nuevos aportaban dinero y el templo mucho mas de lo necesario y podían cocinar prasadam para alimentar a las almas hambrientas que pululaban por allí. Cada vez que Kary vaciaba su plato, Kirtanananda se ponía en pie y acudía a la cocina de donde volvía con el plato lleno otra vez.
Esta vez rechazó la ultima entrega, pretextando que le esperaban en su casa. Kirtanananda le entregó una copia del Viaje Facil a Otros Planetas y lo invitó a que asistiera a una clase del swami.
Kary caminó a buscar un coche que le había prestado un amigo suyo abogado y se disponía a volver a Hoboken. Se sentó al volante y echó una ojeada a la primera página del panfleto. No pudo parar hasta que se lo leyó entero. Kary se bajo del coche y volvió al templo. Le dijo a un devoto que tenia que ver a Kirtanananda urgentemente: "Eso es lo que yo siempre he andado buscando", le dijo cuando el otro apareció. "Cada frase me resulta familiar" Kirtanananda le brindó una sonrisa enigmática.
"Me educaron como católico", prosiguió Kary, pero yo odiaba esa cultura, pero hasta que leí esto, no sabia porqué. Ahora lo entiendo todo. En el catolicismo todo no es mas que pecar y confesarse. Aquí se dice que la Conciencia de Krshna es como apagar un ventilador. El alma sigue girando porque trae con ella todo un karma. Pero las aspas del ventilador terminaran parandose. Todo en este libro es claro y científico"
"Asi es, asintió Kirtanananda. "Pero esperate a que leas el Bhagavad Gita. Es entonces cuando te vas a enterar lo que es karma y todo lo demás. El Gita explica lo que denomina atma, el concepto hindú del alma, la parte divina de todo ser viviente. Espera un poco hasta que descubras donde esta la vida"
No quiero esperar mas, le interrumpió Kary, quiero unirme ahora mismo, queiro convertirme en devoto. Haré todo lo que haga falta."
Kirtanananda le enseñó el mantra a Kary y este abandonó el templo cantando y se fue paseando por la ciudad cantando a grito pelado. La gente lo miraba como si se tratara de un loco.
"Tira para adelante y mira por donde vas" les increpaba Kary. "Yo estoy ya liberado, no tengo nada que ver con este mundo". Asi iba por la calle hasta que llego a su coche. Cuando llegó por fin a su casa en Hoboken era ya pasada la media noche. Despertó a Helena y le contó su descubrimiento. A la mañana siguiente, ella misma lo acompañó al templo. Y así todos los días. Un mes mas tarde, Prabhupada iniciaría a ambos.
La ceremonia empezó cuando Prabhupada montó un fuego de sacrificio en medio del templo. Habia vasijas que contenían agua, ghee, cebada, semillas de sésamo, y diversos polvos de colores, así como bananas y otras frutas, que simbolizan el karma acumulado en incontables vidas previas. Todo ello estaba desplagado en un circulo. Prabhupada empezó incendiando dos varillas de incienso y realizó una ritual previo de purificación, vertiendo unas gotas de agua sobre la palma de su mano y bebiendo mientras recitaba un mantra. Hans y Helena imitaron el gesto. Luego le entregaron el japa-mala que ellos mismos habían ensartado para que Prabhupada cantara una ronda en cada uno. Cuando hubo terminado de cantar se lo devolvió con sus respectivos nombres. Hans se convirtió en Hamsaduta , mientras que Helena recibía el nombre de Himavati.
Prabhupada procedió entonces a encender el fuego y luego fue vertiendo ghee, cebada, sésamo y bananas.El fuego chisporroteaba, humeaba y saltaba como si en el se estuviera consumiendo un karma simbólico. Con el final de la ceremonia Hamsaduta e Himavati renacían de nuevo y se convertían en auténticos sirvientes de Krshna. Y la verdad es que no lo tenian facil.

El templo era como un paraíso idílico. Pero cada vez que Kary ponía el pie en la calle, su dhothi se convertía en el centro de todos los abusos. Los transeúntes se regocijaban en hacer comentarios jocosos e insultantes sobre él así como con los demás devotos. El único que aguantaba impasible era Kirtanananda quien parecía que su madre lo había parido ya con el dhoti puesto y era capaz de sacar fuerzas de flaqueza y resistir a todas las confrontaciones. Infundia además confianza y tranquilidad al resto del grupo y tenia siempre una salida aguda y jocosa, lo cual hacia que los kirtanas fueran siempre divertidos.
Una fría tarde de otoño-hinvierno, un hombre de mediana edad con un chaleco de verano, camiseta de verano y pantalón marrón, se puso a perseguir al grupo en sus desplazamientos y lo hacia como un tiburón que busca atacar a su presa. Mientras caminaba llevaba en la mano una Biblia con forro de cuero negro: "Adoradores de Satanás" gritaba con voz profunda. "No sois mas que blasfemos" "Desgarraz esas sabanas que lleváis puestas. Limpiaz esa porquería de vuestra frente ( tilak). Arrepentios.Poneros de rodilla e implorad el perdón del Señor Jesuuuuuus, vuestro Salvador."
Hans y los demás devotos pasaban de él y se pusieron a cantar aun mas fuerte. Pero el hombre les seguía y gritaba aun mas. Los obreros que salían del trabajo se paraban a contemplar el escandalo que estaba montando. Al final Kirtanananda levantó la mano y reclamó silencio. Los devotos se callaron y observaban como Kirtanananda abordaba al sujeto.
"Mi querido señor ¿que sabe ud del demonio? Fue lo primero que Kirtanananda le preguntó. "¿Debo dar por entendido que ud se leyó La Semilla del Diablo, pre-rrequisito esencial para semejante tema de conversación?
La multitud que los rodeaba soltó una carcajada.
"No se rían, porque Jesucristo expulsa los demonios" Respondio el hombre. "Asi es, respondió con agudeza Kirtanananda, los expulsa y los manda a las calle de Nueva York. Los reconoceréis porque van vestidos en pleno invierno con un chaleco de verano, camiseta y pantalón marrón, el fuego del infierno que arde su interior les permite calentarse. También los podéis reconocer porque suelen gritar al limite de su capacidad"
El fanático de Jesus se fue con el rabo entre las patas, mientras los devotos se reían y volvian a retomar el harinam. La multitud aplaudia gozosa, pero a pesar de todo todavia se mostraban tacaños a la hora de echar una moneda en el sombrero. Hamsaduta llevaba tiempo contemplando el asunto y estudiaba nuevas posibilidades de colecta. El deseaba captar la atencion de Prabhupada y sabia que lo lograria si conseguia elevar la cuota de participación económica de la gente.
Unas semanas mas tarde, durante una ceremonia en el templo, Hamsaduta se puso a sonar la caracola y un devoto lo mandó callar. Fue entonces cuando le vino la idea. Él sabia muy bien que la gente da solo cuando se le pide ¿porque entonces no sonar la caracola durante el harinam y pedir dinero? Al día siguiente lo puso en practica.
"Sorprendase, señoras y señores, del sonido que puede emitir esta cosa? Fué la pregunta que Hamsaduta lanzaba al publico y luego volvía a soplar. "Esa niña se tapa las orejas y no quiere escucharla. Ahora, señoras y señores, vamos a pasar la cesta y  yo no dejaré de soplar hasta que ésta esté llena. Mientras antes se llene, antes paro de soplar. Quien sabe, tal vez que la niña mañana ya habrá recuperado la audición normal. Asi es que por favor ayudénnos. Krsna recompensara la generosidad de cada uno de uds."
En cuanto estuvieron de vuelta en el templo Hamsaduta vació la cesta sobre la mesa de Kirtanananda y le dijo: "Fíjate, hay mas de ciento cincuenta dólares, mientras que antes conseguíamos sacar solo quince en los mejores días"
A partir de ese momento, no falto nunca en Harinam la figura del devoto que sonaba la caracola. Muy pronto el dinero empezó a entrar a raudales y lo mismo ocurría con los nuevos conversos y los buscadores de la verdad. Se peleaban por asistir a las clases de Prabhupada y se apretujaban por entrar en el pequeño local del 26 de la Segunda Avenida.
Una noche de clase, Prabhupada estaba mirando la sala abarrotada y espero que se vaciara de invitados
"Ha llegado el momento" dijo finalmente y todos los devotos escuchaban con atención.
"Nos estamos expandiendo muy de prisa, cada día llegan nuevos devotos. Pero podemos hacer mucho mas. Mirad alrededor vuestro, observareis que el mundo entero esta hambriento de Krshna. Debemos llevar este mensaje de Krshna al mundo entero. Vosotros sois sus mensajeros. Es Él quien os ha escogido para tan importante servicio."
La sala entera vibraba de emoción. Los devotos eran testigos de que se tocaba un punto crucial. Iban a ser ellos quienes escribieran la historia religiosa. Eran los elegidos. Iban a esparcirse por el mundo tal y como hicieron los apóstoles de la cristiandad.
"Kirtananda, deseo que vayas a Montreal y abras un templo allí. Muy prono se va a celebrar una feria la "Expo Sesenta y Siete" Allí acudirá gente del mundo entero. Mi deseo es que Hamsaduta vaya en apoyo de Kirtanananda tan pronto como pueda. Pienso que si todo va bien en Montreal, Hansaduta podría irse para Alemania, su país de origen."
Y dirigiendose a Mukunda le dijo: "Tu y tu nueva esposa, Janaki, van a viajar pronto para India. Mi deseo es que pasen antes por S. Francisco y vean si se dan allí condiciones favorables para abrir un templo. Hay muchos hippies en S. Francisco que están buscando algo nuevo. Vamos a ofrecerles la posibilidad de que conozcan a Krshna."
Hamsaduta no tardo en encontrarse con Kirtanananda en Montreal, donde alquilaron una bolera abandonada y empezaron a predicar y cantar por la calle. Los periodicos locales no tardaron en descubrir a tan extraña pareja y empezaron a publicar articulos graciosos asi como fotos de la bolera y la pareja de devotos que tenian toda la pinta de ser colegiales empollones.
Ese tipo de publicaciones fue la mejor publicidad que le podrían haber hecho al templo., quienes habían hecho la promesa de hacer por lo menos un nuevo devoto a la semana y muy pronto su deseo se vio cumplido con creces. Como niños que esperan con ansiedad la llegada de las Navidades, ellos esperaban ansiosos que llegara el domingo para poderles referir a Prabhuada el fruto de su predicación.
Prabhupada era en muchos aspectos un "gentleman" del siglo XIX quien prefería escribir cartas antes que hacer uso del teléfono. Pero así y todo, hacia una excepción y cada domingo llamaba a sus dos discípulos destacados en Montreal y hablaba con cada uno de ellos. Kirtanananda se atribua siempre el privilegio de ser el primero que hablara y luego le pasaba el auricular a los demás. Hansaduta se ponía siempre nervioso cuando llegaba la hora de la llamada. Queria a toda costa que Prabhupada se diera cuenta del gran predicador que era y se jactaba de todos los devotos que el personalmente había traído al movimiento. Pero su problema era que no conseguía hablar con Prabhupada porque Kirtanananda controlaba el teléfono diciendo a cada devoto el tiempo de que disponía para hablar.
Se podría afirmar que Kirtanananda y Hamsaduta no eran mas que dos ambiciosos jóvenes ejecutivos dispuestos a todo para ascender en su empresa. Ambos querían impresionar a Prabhupada. Sabian perfectamente que la Conciencia de Krshna tenia como objetivo el aniquilar el ego falso. Según las enseñanzas de su guru, el atman, el equivalente hindú del alma, era como una llama que alumbraba en el interior profundo pero que había estado enterrada durante varias vidas por el polvo acumulado por la constante gratificación y el ego que exige siempre dinero, poder y prestigio. Los sentidos tienen que ser embridados y el ego destruido. Ello se lograba a través de la renuncia al mundo, con la meditación y el canto y llevando una vida de servicio a Dios. Pero ni el uno ni el otro habían logrado verter su ego. Ambos estaban hambrientos de reconocimiento.
En una de sus llamadas Prabhupada lo extimuló: "Hamsaduta es estupendo que tantos devotos esten viniendo a Krshna."
"Asi es swami, es formidable" respondió Hamsaduta. La suavidad de la voz con acento indio lo enalteció aun mas y su corazón se puso a latir mas rápidamente. De repente se vio que empezaba a hablar tan rápido como podía, ávido de mostrar todos sus logros: "He hecho un trabajo excelente aquí y tengo previsto hacer mucho mas, ya verá Ud. Me he propuesto una meta, voy a hacer un servicio tan grande para Ud, que tendrá que escribirme una carta para mi solo. No para todo el templo, solo para mi"
Kirtanananda que estaba allí al quite, le cogió el teléfono y tapando el micrófono con la palma de su mano le dijo: "¿Sabes cuantas cartas me ha escrito a mi? Dijo, usando a propósito el ton mas desagradable de su voz. "Te queda mucho por andar, jovenzuelo."

Drop Out, Fall In, Sing Out

Mukunda, Michael Grant no daba crédito lo que estaba ocurriendo. Se remitió a sus días de músico, a todos los compañeros que practicaban hasta que sus dedos se entumecían pero que eran incapaces de dar un paso en el negocio de la música.
Prabhupada se presentó solo y en espacio de unas horas se convirtió en una estrella del rock. Tuvo que ser sin duda la misericordia de Krshna.

Mukunda y su espoda Janaki habían abierto un pequeño templo en un bajo de la calle Frederic en pleno barrio del Haight, a dos cuadras del Parque del Golden Gate. Prabhupada llego en enero. De repente el templo estuvo listo y abierto a todo el mundo, no solo a los hippies, sino que incluso tipos ricos de la aristocracia del Pacific Heights se dejaban caer por el templo, gracias a dos extensos artículos en el San Francisco Chrinicle: "El swami invita a los hippies en el Templo de Happilandia" así como "El Swami en Happilandia" Parece ser que todo el mundo estaba deseoso de encontrarse con el swami.
Mukunda decidió invertir en la popularidad que gozaba Prabhupada de fusionar la Conciencia de Krshna con el rock and roll. Se pasó varias semanas organizando "Mantra Rock Dance" en el Avalon Sala de Baile. Habia apalabrado ya la presencia de dos bandas de rock locales, asi como otras famosas Grateful Dead, Jefferson Airplane, Moby Grape, Big Brother y The Holding Company, contando con la importante presencia de la increible Janis Joplin. Como toque final habia convencido a Allen Ginsberg para que presentara al único roquero septuagenario que venia de India: Srila Prabhupada.

Cuando Mukunda llegaba al Avalon se encontró que había ya allí una larga fila de freaks esperando que el local abriera sus puertas. Venian vestidos con camisetas de psicodélicas y blusones de cuero, así como ponchos mejicanos y faldas con bordados. Muchos de ellos traen también citas en la frente y la mayoría venían con plumas en el pelo y en otros casos guirnaldas de flores- El aire estaba enrarecido con el olor del incienso y marijuana
Mukunda estaba observando la multitud cuando de pronto escucho un tremendo rugido. Levanto la vista y pudo divisar una falange de Angeles del Infierno que venían con sus enormes motos. Se pararon frente al salón, desmontaron de sus motos, se ajustaron las cadenas y cascos y esperaron en la cola. Los hippies los recibieron con vítores y saludos.
En el interior, los magos de efectos luminosos, Ben Van Meter y Roger Hill-yard habian transformado el salon en una autentica fantasia de LSD. Desde el balcon habia tres proyectores y una cascada permanente de imagenes televisivas que proyectaban simultaneamente en tres muros.
Las puertas se abrieron y Mukunda y los devotos cobraban 2,50$ por persona, incluido Los Angeles del Infierno. pero hubo un joven alto vestido con un abrigo y encorbatado que paso de largo delante de los controladores, pero estos no tardaron en darle el alto: ¿Que pasa contigo? ¿quieres colarte sin pagar? Pero Mukando intervino enseguida y le grito pero uno de los hippies que estab allí cerca les dijo:"Dejadle pasar, se trata de Owsley" Y ¿Quien es ese Owsley? Preguntó Mukunda.
"August Owsley Stanley Segundo"el hombre que consiguió sintetizar el LSD.
"Perfecto, dijo Mukunda, me gustaría que conociera a Prabhupada, en una ocasión le preguntaron si el LSD podría ayudar a encontrar a Dios y él respondió: "Acaso Dios es tan fácil que se pueda lograr con una sustancia química"?
Mukunda lo llamó entonces a voces, pero este se había dispersado entre la multitud de la sala
Cuando llegó el momento de la entrada de Prabhupada, vestido de azafrán y con una guirnalda de gardenias al cuello, la multitud enloqueció. Los devotos hicieron sonar las caracolas y la batería de los Big Brothers se marcó en un prolongado redoble. Las luces se apagaron y el salón permaneció a oscuras. En ese momento aparecieron,  proyectadas en el muro una serie de diapositivas de Krshna: robando mantequilla, sonando la flauta, acompañado de Arjuna en su cuadriga, etc. Sin que se hubiera dado ninguna instruccion previamente, la multitud se dividió y Prabhupada caminó desde la entrada hasta el podium, donde lo estaba esperando el barbudo Allen Ginsberg.
"Donde hay rock and rol habrá siempre el son" dijo Ginsberg presentando a Prabhupada. En la Conciencia de Krshna es el son quien lleva a Dios. Escuchad pues al Maestro."
Prabhupada se sentó entonces en un cojín. Empleando siempre el mismo tono de voz que le era habitual tanto cuando se dirigía a una persona o una multitud de 5 mil individuos, empezo explicando los beneficios del canto del mantra. Ginsberg abrió su harmonía y empezó a armonizar el canto. Los devotos se unieron automáticamente. Después de una media docena de repeticiones, el publico se unió, las bandas subieron al podio y empezaron a tocar. En cuanto que los hippies pillaron la melodía, subieron al escenario y rodearon a Prabhupada, quien los recibió con un gesto de complacencia. La celebración se prolongo durante horas. Ginsberg lo calificó como "El subidon mas alto del entusiasmo espiritual de Haight-Ashbury" mientras que para Mukunda todo fue como un "viaje interplanetario hacia las estrellas."
Aquel invierno en S.Francisco Prabhupada durmió menos que un hippie anfetaminico. Se despertaba cada mañana a las tres para cantar sus rondas. Daba la clase, dirigía el kirtan en el parque de Golden Gate, se reunía con los devotos, con los aspirantes a devotos y con los curiosos. Antes de irse a la cama, se pasaba varias horas en un cuchitril, encima del templo, trabajando en su traduccion del Bhagavad Gita.
Después de pasar 5 meses en S. Francisco, Prabhupada volvió a Nueva York, para estar con sus discípulos de la Costa Este. Se entrevisto con todo el que quiso hablar con el y asistió a todos los actos que fue invitado, incluido un "Acto de Amor Cosmico" que tuvo lugar una tarde en el Teatro del East Village, que estuvo patrocinado por Allen Ginsberg, Timothy Leary y media docena de bandas de rock.
Era ya muy tarde cuando Prabupada regresó al templo de la Segunda Avenida. Se sentó en la cama, con la cabeza entre las manos. De repente sintió como un terrible dolor de cabeza que le hizo surgir en el rostro un rictus obsceno de dolor, luego su brazo izquierdo empezó a temblar e inmediatamente después toda la parte izquierda del cuerpo empezó a vibrar de forma incontenible.
"Prabhupada ¿Que ocurre?" preguntó alarmado Kirtanananda quien había venido de Montreal para estar con su maestro espiritual.
"Dame mi bolsa de japa y canta conmigo"
"Voy a llamar a un medico ahora mismo"
"Nada de médicos, ordenó Prabhupada. Dame mi japa."
Cuando Kirtanananda estuvo de regreso con la bolsa de japa, Prabhupada le pidió que le diera un masaje en el pecho. Aquel le tocó el corazón y estaba muy agitado.
Todo agitado le dijo; Prabhupada, vamos a conseguir un doctor."
"Solo tienes que darme un masaje aquí, dijo tomando la mano de Kirtananda y frotandola contra su pecho, para mostrarle como tenia que hacerlo. "El masaje me pondrá bien."
Prabhupada cerró los ojos y cuando lo abrió de nuevo su rostro había recuperado el color.
¿Porque te limitas tan solo a dar masaje, deberías también estar cantando Hare Krshna" Dijo, y volvió a cerrar los ojos. Al rato quedo dormido y Kirtanananda abandonó la habitación en silencio.
Se fue entonces a buscar a Brahmananda, el presidente de templo de New York y le preguntó, con lagrimas en los ojos: ¿Que podemos hacer? ¿Que pasa si le da un ataque de corazón y se muere?
"No se morirá. Krshna no nos privará nunca de Él" Respondió Brahmananda.
Se pusieron entonces de acuerdo para montar un turno de guardia. Mientras que uno dormía en la habitación contigua, el otro se quedaría allí dentro con Él. Prabhupada se despertó a media noche y cuando vio a Kirtanananda allí a su lado, le pidió que le diera otro masaje.
Al día siguiente, que era festivo (Memorial Day) Prabhupada permaneció todo el día en la cama. A eso de medio día, se encontraba ya un tanto restablecido como para incorporarse y escuchar el kirtan que estaban haciendo abajo en el templo. Se levantó de la cama y se dirigió al cuarto de baño, cuando le asalto de nuevo un sospechoso tic nervioso. Sus ojos se quedaron en blanco y su rostro se contorsionaba de agonía. Se echó hacia atrás y empezó a caerse y lo hubiera hecho sin duda si Kirtanananda no corriera a sostenerlo.
"Hare Krsna", murmuraba Prabhupada mientras peleaba por respirar.
Kirtanananda se puso a gritar a Brahmananda:"Buscad a un doctor, llamad una ambulancia"
Ésta no tardó el llegar y trasladó a Prabhupada al hospital Beth Israel.
Ademas de una fuerte debilidad cardíaca, los doctores diagnosticaron diabetes. Dado que Kirtanananda se resistía a abandonar a su maestro espiritual, los médicos permitieron que se quedara con Él en su habitacion y dormir en la cama contigua.
"Estoy convencido que lo que mejor me sienta es el masaje." Le susurró a Kirtanananda una mañana. "Si estuviéramos en India, eso es precisamente lo que el medico ayurvédico prescribiría. El masaje le devolvería la movilidad a la parte izquierda de mi cuerpo"
Tanto Kirtanananda como el resto de los devotos, le dieron a Prabhupada cientos de masajes. Los devotos acudían entusiastas por oleadas y le traían prasadam, fruta y flores. Establecieron un turno de vela de dos devotos que se turnaban cada 4 horas durante las 24 horas del día. Cada vez que se despertaba, recibía un masaje y la verdad es que surtía efecto. No tardó mucho en poder mover el brazo y la pierna izquierda y unos cuantos días después, pudo dar unos pasos por la habitación. Los doctores quedaron asombrados.
"Buenos días, señor" le saludo una mañana una enfermera, mientras le traía una bandeja. Esta Ud haciendo grandes progresos. Ya consigue sentarse en la cama."
Prabhupada estaba cantando en silencio. Abrió suavemente los ojos y miró a la enfermera con una resignada indiferencia, mientras la otra se acercaba con la jeringuilla en la mano.
"Tan solo tiene que girarse un instante, cerrar los ojos y repetir esa formula mágica, mientras yo hago mi trabajo."
La enfermera termino de poner la inyección y se fue.Tan pronto como se cerró la puerta. Prabhupada hizo un gesto a Kirtanananda para que se acercara.
"Esta es la última inyección que me ponen" Le susurró al oído. "Llevo siete días aquí y no hacen otra cosa que pincharme. No quiero mas agujas"
"Pero Prabhupada, se está Ud recuperando estupendamente. No podemos negarnos."
"Lo que me da vida es el prasadam y los masajes" No permitáis que me pinchen ni una sola vez mas. Sacadme de aquí y llevadme donde yo pueda caminar y recibir muchos masajes y me recuperaré enseguida. Nos iremos de aquí hoy mismo"
"Hoy no puede ser, pero muy pronto" Respondió Kirtanananda. Lo prometo."
Los devotos alquilaron una casa junto al mar en Long Branch, New Jersey. Sabian perfectamente que los médicos del hospital no permitirían que Prabhupada se fuera ya que seguía con dolores en el pecho. Asi es elaboraron un plan secreto de fuga.
Tres devotos se quedarían abajo en un coche alquilado, El conductor se quedaría al volante, mientras que los otros dos subirían a la habitación 607 para ayudar a Kirtanananda a sacar a Prabhupada del hospital a toda prisa.
Recogieron sus pertenencias y las colocaron en una silla de ruedas, luego lo sentaron a Él.
Iban ya empujando la silla de rueda por el pasillo del hospital, camino del ascensor cuando una de las enfermeras los descubrió y sonó la alarma. Acudieron enseguida tres celadores y tres enfermeras quienes rapidamente pretendieron interceptar la fuga de los Krishnas. "Vuelvánse ahora mismo y dejénlo en su habitacion", ordenó uno de los doctores.
"Este paciente es una persona muy querida para nosotros, mucho mas de lo que se pueden imaginar" Dijo Brahmananda mientras empujaba la silla de ruedas. "No se preocupe que recibirá el mejor de los cuidados. Tendrá la mejor medicación y lo traeremos aquí regularmente para los chequeos."
"Si lo sacáis del hospital, lo estáis condenando a muerte." Dijo el médico encargado.
Los devotes se miraron entre si. Hubo un instante en el que se quebrantó su determinación.
"Es Él quien no quiere estar aquí." Anadió Kirtananda con firmeza. Después de su estancia en Bellevue, los médicos ya no le daban miedo.
"Yo quiero irme" Sentencio Prabhupada desde su silla.
Bhrahmananda empujo la silla de ruedas hacia adelante  mientras las enfermeras y los médicos formaban una barrera humana delante de los ascensores.
"No hay quien nos pare" Asintio Brahmananda con una autoridad que no dejaba el menor resquicio. "Esto es un hospital y no una prisión."
"Si os lo lleváis, este hombre morirá y será vuestra entera responsabilidad. Acordaros de mis palabras cuando lo estéis enterrando." Fue lo ultimo que sentenció uno de los médicos.
Al final, el personal médico se hizo a un lado y dejaron que los devotos entraran con Prabhupada en el ascensor. Sobrecogidos por la emoción, no se dignaron ni mirar a los medicos y enfermeras. Prabhupada si que lo hizo: sonriendo con dulzura les brindó un agradecido adios.
En Long Branch la salud Prabhupada hizo grandes progresos. Pasaba sus días descansando y tomando arroz, dhal y chapáis que le cocinaba Kirtanananda. Tan pronto como pudo empezó a dar paseos por la playa. Mejoraba día a día y mientras mas se fortalecía mayor era su eso de volver a S.Francisco. Krshna le había encomendado mucha tarea, los hipies se estaban adhiriendo por cientos.
Tres semanas después de la fuga del hospital, Prabhupada volvió para someterse a un chequeo. Entró por su pie, sin la ayuda de nadie, seguido de un grupo de devotos. Los doctores no daban crédito a sus ojos del rápido restablecimiento y no opusieron objeción alguna para que pudiera volar a S.Francisco.
"¿No hay nadie ahí? ¿Que voy a hacer yo ahora?"
La hippy de 22 años Beth Ann se despertó, recostó su cabeza sobre la almohada y recorrió la habitacion con la mirada- un antro inmundo dentro de una vieja mansion victoriana en pleno barrio del Panhandle. Todo estaba abarrotado de mochilas, mantas y ropa de todo tipo. Habia un monton de comics de los fabulosos Furry Freak Brother asi como posters psicodélicos pegados en las paredes. El lugar olia a incienso, a calcetines podridos, a ropa interior sudada, vino avinagrado y marihuana.
¿Que pasa? ¿Quieres o no quieres? le repetía su novio Dasher. Bien podríamos hacerlo. ¿Cuando ha sido la ultima vez que recuerdes haber estado sola aquí?"
Beth Ann bostezó un par de veces y miró por la ventana. Era ya de dia. La niebla se aferraba a los arboles humedecidos. La habitacion estaba humeda y helada.
Dasher encendió el primer canuto de la mañana, le dio una profunda chupada y se lo pasó a Beth Ann. Ella lo tomo y fumó de el. "Vamos a hacerlo de prisa" le dijo a Dasher. "Aquí hace un frio criminal" Miraba como Dasher se desabrochaba el grueso cinturón de cuero con una hebilla de cobre que se había comprado en Haight Street. Cuando termino de desabotonarse el pantalon, abrió la corredera de su saco de dormir y se puso en pie.
"Ya he salido ya esta mañana" comentó orgulloso, mientras mostraba una bolsa de papel, próxima a su ropa. "He comprado unos bollos, nos los comeremos para desayunar."
Terminaron de fumarse el canuto. Dasher deslizó su manos obre sus nalgas para calentarselas un poco y luego levantó la blusa mejicana que llevaba puesta Beth Ann. Le tocaba los senos con sus sucias manos llenas de anillos.
Beth Ann dejo escapar un murmullo y se besaron. La lengua de Dasher se retorcía en su boca. El empezó a restregarse contra ella. Beth Ann empezó a jadear.
"Mejor seria que lo hiciéramos ahora" propuso ella entre dos besos.
Dasher tomó la mano de Beth Ann y la deslizó hasta sus genitales. Fue ella quien le cogió el pene y lo colocó en su vagina, con lo cual Dasher solo tuvo que empujar. El resto vino solo. Un amigo entro en la habitación cuando estaban en pleno ajetreo y se paró un instante para observarlos, cogió su mochila y volvió a salir. Los dos amantes ignoraron la interrupción y siguieron copulando. Él se corrió, pero ella no.
Sin preocuparse demasiado por recomponer su vestido, Beth Anne se sentó y devoró uno de los bollos que Dresher había traído. La marihuana le había abierto el apetito. Cuando se volvió a tumbar de nuevo, la tristeza se apoderó de ella, como la niebla cae sobre el Pacífico.
"Todo no es mas que mierda. Este mundo es todo una mierda."
Al contrario que la mayoría de otros hippies, Beth Ann, una rubia de ojos verdes a quien le gustaba llevar tobilleras de cuero y campanitas en los dedos de los pies, no procedía de una familia pobre. Su padre era un ingeniero de prestigio en Worcester (Massachusetts), su madre era una ama de casa que se ocupaba en cuidar de ella y de sus dos hermanos. Beth Ann amaba a sus padres, tan solo que no quería ser como ellos, porque pensaba que carecían de toda visión y sentido de las posibilidades de su hija. Ellos se conformaban con que ella fuera su clon. "Tu eres una chica mona, le decía su madre, iras al colegio y hará una carrera. Serás una buena profesora, siempre fuiste buena con niños. Siempre tendrás algo solido a que aferrarte. Los profesores son siempre necesarios. Cásate y forma una familia."
Beth Ann asistió a la Universidad de Northeastern de Boston. Dasher que era su amigo ya en el instituto abandonó sus estudios y se fue a trabajar en una empresa de electricidad. Por las noches se drogaba. Beth Ann terminó sus estudios y se graduó con buena nota, pero se aburría terriblemente. No paraba de repetir a Dasher que ella era distinta que sus padres, que aspiraba a mas- Estaba a punto de empezar un trabajo en una heladería vecina cuando se presentó Dasher y le propuso escaparse con él a San Francisco. "Tu no paras de decir que eres diferente, pues aquí tienes la oportunidad de demostrarlo." Los dos se fueron en la ranchera de Dasher. Ella llamó a sus padres desde una ciudad a 400 km para anunciarles su partida. La madre lloró. El "encanto" de su aventura se termino pronto,en cuanto tuvieron que afrontar la dura realidad de ganarse la vida y pasaron a adoptar la filosofía hippy de disfrutar más. Al principio ella amaba la libertad. Fumaban marijuana, se metían ácidos y hacían el amor con total abandono. Pero mucho sexo no era lo ideal y mas drogas no la volvía mas feliz.
No mucho después de su llegada a San Francisco, se engancharon con una gente que habían emprendido un negocio de plantar arboles de Navidad en una zona montañosa por encima de Santa Cruz. Todo lo que tenían que hacer no era sino plantar unos cuantos arboles cada día. Pero estaban tan drogado desde que se levantaban que no lograban cumplir con el trabajo, eso hizo que el propietario de la plantación los echara. Uno de los chicos de allí conocía a otro que tenia una casa en el Haight, de modo que los tres se fueron para San Francisco y se instalaron en le Panhandle.
Unas cuantas horas después que rompiera el día,Beth Ann, Dasher y una media docena de hippies de su vecindad, iban subiendo por Haight Street, haciendo el tonto con un grupo de turistas que acababan de llegar en la linea de autobuses Gray Line. Beth Anne saludó con la mano a un forastero que sacaba la cabeza por la ventanilla del autobús. El turista se quedó mirando, entonces Beth Ann se paró en la acera, frente a él, se desabrochó el vestido y le enseño los pechos. El tipo se quedó boquiabierto. Dasher y a peña hippy se partían de risa.
El grupo siguió su paseo hasta el parque de Golden Gate y se instalaron en su lugar favorito debajo de los eucaliptos. Iban preparados con sacos de dormir y mantas, montaron pues allí su campamento. Un hippy de Miami saco la armónica y se puso a tocar mientras los demás se tragaban los ácidos. Beth Anna comprendió que el "viaje " comenzaba cuando sintió que los arboles respondían "wah-wah" a los acordes de la armónica. Se acercó entonces a un árbol y lo rodeó con sus brazos en un estrecho abrazo. Después de un rato, la armónica calló, pero otra música se empezó a escuchar de forma claramente perceptible, mas salvaje y mas rítmica. El eco resonó por todo el parque y Ann Beth se sintió de inmediato tranportada. Antes de que se percatara, el sol empezó a salir.

¿Escuchasteis la música la noche pasada? preguntó uno de los hippies, mientras se revolvia en su saco de dormir. "Nunca en mi vida escuché algo semejante"
Eso eran los Krishnas que vienen a cantar todos los días a este parque. Vamos a verlos a su templo. He oido que escucharles cantar es la mejor manera de salir del "bajón."
Se dirigieron entonces hasta el bajo que hacia de templo en el 513 de Frederick Street y al entrar pasaron delante de un anuncio que ponía: "Mantente "colocado" todo el día. Descubre la felicidad eterna" El programa de la mañana se había acabado ya y el templo estaba vacio, excepto por un par de devotos que se estaban ocupando de un hippy quien no conseguia aterrizar del colofón que le había producido el ultimo acido- Beth Anne quedó muy impresionada. Esta gente estaban haciendo una gran labor. Un devoto se acercó a ella y le preguntó si tenia hambre. Ella asintió. El devoto se retiró al instante y volvió pocos minutos mas tarde trayendo sendos platos rebosantes de prasadam. Dio un par de pasos atrás y permaneció allí contemplandolos sonriente. A Beth Ann la imagen de aquel devoto se le antojó beatífica. Era la mejor comida  que probaba desde que se fue de casa. Los vegetales sabían a fresco y la hizo sentirse bien. La ultima vez que ella u Dasher habían tomado un tripa juntos, se fueron a MacDonnal y pidieron hamburguesas. Cuando se la sirvieron y ello olió a carne quemada y abrió el bollo de pan para observarla mejor,  chorros espesos de sangre manaban de la carne churruscada.
Ella no pudo aguantarlo y salió corriendo del restaurante jurando que se haría vegetariana.
El plato de prasadam parecía como la respuesta a una plegaria que nunca se materializó.
A partir de ese día Beth Ann acudió al templo casi todos los días. Sus amigos hippies ya ni siquiera se acordaban de sus discursos de paz y amor. Los Krishnas habían encontrado la manera de convertir ese amor en algo real y ella decidió hacerse devota.
No le resultó difícil en realidad. Como la mayoría de los hippies, Beth Ann había rechazado de plano al cristianismo al no aceptar los valores de sus padres. Cada vez que veía a un hippy llevando una camiseta con el slogan: "Mata a un comunista por amor a Cristo" ella sonreía. Y como le ocurría a la mayoría de sus colegas hippies, a ella no le interesaba oír hablar de la muerte. Ni siquiera de la de Cristo. La muerte era un tabú.
Krishna resultaba mucho mas atractivo que Jesucristo. Era  estupendo. Tocaba la flauta y se paseaba con chicas guapas. Llevaba guirnaldas de flores y plumas de pavo y caminaba descalzo. Era ademas eternamente joven y completamente libre.
"Eres una gilipollas". Gritó Dasher a Beth Ann cuando le dijo que iba a unirse a los Krishnas. "Te van a comer el coco y convertirte en un robot"
Pero Beth Ann se echó a llorar: " Creo recordar que siempre le dije a todo el mundo que quería llevar una vida como Dios manda ayudando a la gente. Acabo de encontrar el sitio donde un grupo de personas esta haciendo exactamente eso y quiero aprovechar esta oportunidad. Lo único que tengo que hacer es renunciar a mi independencia y estoy dispuesta a hacerlo."
"Si perdemos nuestra independencia, no somos nada" Dijo Dasher prepotente.
"De que sirve esa independencia si no conduce a nada bueno" Respondio Beth Anne, mirando alrededor del antro inmundo donde estaban viviendo. "Esto es una pocilga. La gente necesita que las cuiden, Dasher."
"La gente lo único que necesita es que las dejen en paz" Respondio Dasher encolerizado mientras se iba dando un portazo.
Esa misma tarde Dasher se fue de San Francisco porque había encontrando un trabajo como encargado de un motel, cerca del estuario del Russian River. Beth Anne se fue al templo.
Poco tiempo después, ella y un grupo de devotos fueron al apartamento que los devotos habían alquilado a Prabhupada en Stinton Beach, una pequeña y bella ciudad pegada a un bosque, junto al mar, al norte de San Francisco. Beth Ann se sentía muy feliz y realizada: Las drogas y el sexo ya no significaban absolutamente nada en su vida. Los devotos la llamaban respetuosamente "mataji" aunque tuviera tan solo 20 años. Esto la ayudaba a derribar con cualquier estereotipo sexual. Tanto hombres como mujeres estaban implicados en una actividad común en la cocina y en la limpieza del templo y se turnaban para decorar a a las deidades. Era una vida pletórica y divertida, mucho mejor que la vida de hippy.
Al final de ese verano, Beth Ann y los demás devotos de S.Francisco se apilaban en los coches y se dirigieron al aeropuerto. Todos estaban sombríos y tristes: Prabhupada se volvía a India. No había parado de comentar el volver a casa desde que le diera el infarto. Pensaba siempre en regresar a Vrndavan, el lugar mas sagrado del mundo para terminar de recuperarse. Estaba deseoso de consultar a un medico ayurvédico, cuyas practicas están basadas en los Vedas, los libros sagrados de la India. Y si no se recuperaba, le gustaría morir en Vrndavan.

El viaje tenía ademas una segunda finalidad. Prabhupada se llevaba con él a Kirtanananda, su discípulo favorito. Queria mostrarle los lugares sagrados, que se sumergiera en la cultura y que tomara cursos de la religión escogida. Si le pasara algo a Él, el puente existente ya entre oriente y occidente se vería restablecido.
Los devotos ahogaban su pena con un tremendo kirtan en la terminal misma del aeropuerto. El ruido que montaron atrajo la curiosidad de cientos de pasajeros. Hamsaduta que había venido desde Canada para despedir a su maestro espiritual, danzaba con mas fervor y entusiasmo que todos los demás. Cantaba y saltaba como un autentico poseso. Pero sus ojos nunca se apartaban de Prabhupada. Se encontraba desesperado porque su maestro todavía no le habia mandado ninguna carta. Se estaba yendo a India, tal vez para morir allí, sin haberle dado una muestra de reconocimiento, que el tanto reclamaba. Las lagrimas le brotaban de los ojos y le caían en su musculoso y fornido pecho. Otros muchos devotos, sumidos en  el Kirtan empezaron también a llorar.
De repente, le sobrevino una idea: Dio un paso al frente y arrodillandose delante de Prabhupada le dijo bajando la cabeza: "Swami, hay un montón de personas congregadas aquí ¿Me da ud permiso para que haga una colecta?
Prabupada asintió. Hamsaduta dio un brinco. Salió a la calle y pasó el sombrero que no tardó nada en estar rebosando. Volvio, se echo a los pies de su maestro y se regaló, en el momento preciso en el que anunciaba el embarque de su vuelo. Prabhupada le brindo una larga mirada de reconocimiento, mientras comentaba: "Nuestro viaje se anuncia bien. Hemos tenido un hermoso kirtan y una excelente colecta. Esto es la misericordia de Krshna."
Hamsaduta no pudo contener las lagrimas una vez mas. Prabhupada se había fijado en él. Fue un detalle que nunca olvidaría.
Diez días después de que Prabhupada volara a India, George Harrison y su novia Patti llegaban a San Francisco. Habian leído un vasto reportaje sobre los hippies en la edición dominical del Times y decidieron dar una vuelta por allí para contemplar el fenómeno "in situ". El viaje era algo mas que un simple capricho de una estrella del rock. George era de los creían ardientemente que todo puede ocurrir. ¿Y porque no también a él que había nacido en un barrio pobre de Liverpool? Ahora, no obstante, era famoso y todo el mundo cantaba las canciones de su ultimo LP: Sergent Peper´s Lonely Hearts. Si los Beatles habían podido revolucionar la música ¿porque no podrían los hippies ser los pioneros de un mundo mejor?

George y Patti se habían preocupado mucho de que su viaje fuera lo mas discreto posible, querían pasar desapercibido y sobre todo no querían que su viaje apareciera en todas las portadas de la prensa rosa. Querian tener una visón del Haight tal y como era y deseaban por ello pasar totalmente desapercibidos. George tenía la visón idílica de una comunidad artesana autosuficiente capaces de producir desde botas de cuero hasta velas perfumadas.
Un taxi los dejó en pleno Panhandle, atravesaron pues Haigh Street y siguieron camino hacia Golden Gate Park.
"Me das una limosna tío"? le pidió un zarrapastroso y joven hippy, demasiado colocado como para reconocerlo.
"Una limosna? Lo que de verdad necesitamos es comer" Añadió una chica joven, agarrando a George del brazo.
Él se la quitó de encima
Un chico joven con un jersey de cuello vuelto se plantó frente a él y e ofreció: "Acido, mescalina, yerba"?
Harrison estaba atónito. El camello se dirigió a Haight Srteet. Ellos siguieron su caminata. George estaba perplejo de lo que veía. Lo que él había imaginado el Eden de la Nueva Era, no era sino el paraíso del comportamiento pecaminoso, un lugar de lo mas cutre, una fotocopia del Bowery de Nueva York.
Un joven le paso de cerca y parandose ante él le dijo: "George, ¿ eres en realidad George?
Harrison asintió de mala gana. Y el otro gritó mas fuerte: "Eh chavales, tenemos aquí nada menos que a George Harrison, el jodido Beatle."
La pareja siguió caminando. Pasaron ante un grupo que tarareaban una canción que George reconoció enseguida como un mantra. Afortunadamente la multitud arrastró a la pareja antes de que alguno tuviera tiempo de reconocerlos. Cuando llegaron al parque, alguien les paso una guitarra acústica y George se puso a tocar algunos de los temas mas conocidos de los Beatles. Luego pararon un taxi y desaparecieron.
Cuando iban volando para Londres, Harrison tenia un fuerte sentimiento de culpabilidad. Pensaban que los Beatles tenían mucho que ver con lo que él había visto en el Haight. Ellos habían presentado el LSD como una experiencia que expande la conciencia en su canción "Lucy in the Sky with Diamons(LSD). Tambien habían promocionado la marijuana como una vía para escapar a la decadente realidad cotidiana en "A Day in the Life". Pero ahora, le resultaba obvio que las drogas no pueden llevarlo a uno a un mundo mejor, antes bien te conducen por sucios y oscuros derroteros. Pero mantenía siempre la esperanza de que tenia que haber algún punto de salvación en todo este viaje. ¿Quienes eran aquellos cantantes vestidos con atuendo tan extraños en el parque?
Harrison, al igual que John Lennon, estaba realmente interesado en la religión y cultura de Oriente. El acogió con gusto la idea de John de añadir sitar en algunas de sus canciones. Fueron ellos los que empujaron a Paul y Ringo a que fueran a la India y pasaran un tiempo en el ashram de Maha Rshi Mahesh Yogui. Intento recordar la melodia de aquellos cantantes y se puso incluso a tararear, pero no le salia.
"Tan pronto como vuelva a Londres, le dijo a Patti, haré por encontrar de nuevo a esa gente que vimos en el parque"

UN PUPILO AMBICIOSO

Prabhupada se inclino ligeramente para oler el sabzi que la azafata e Air India acabada de ponerle en la bandeja delante de sus ojos. El vuelo había despegado de San Francisco hacia ya una hora y media y se encontraba a diez mil metros de altura en su ruta hasta New York, Londres, Moscú y finalmente Delhi.
"Me siento ya un poco en casa" Comentó Prabhuada con humor.
¿Cual es realmente su casa? Pregunto Kirtanananda. "Llevo trabajando con ud mas de un año y todavía no se ni tan siquiera donde esta su casa"
"Mi casa esta con Krishna en Vrindavan", respondió Prabhupada. Pero gran parte de mi vida mundana la pasé en Calcuta. Eso no tine mayor relevancia."
"Por favor, le insistió su acompañante, tenemos todavía muchas horas de vuelo por delante. Ud sabe cómo yo encontré a Krishna. A mi me gustaría saber como fue su encuentro"
"Baste con saber que tu eres mi discípulo" Respondió Prabhupada
Pero Kirtanananda no estaba satisfecho: "Para mi es muy importante saberlo"
Prabhupada giró la cabeza por el avión. La mayoría de los pasajeros estaban comiendo. Algunos empezaban ya a dormir.
"Esta bien te contaré algo. Luego cantamos un rato y dormimos"
El despertar religioso de Prabhupada en Bombay no fué en absoluto tan dramático como el de SanPablo camino de Damasco. Su celo espiritual creció progresivamente.
El autor de su edificio espiritual no fue otro que un guru llamado Bhatisiddhanta, un maestro de talla con barba negra y gasas redondas. Se encontraron en 1922 cuando Prabhupada contaba tan solo 26 años y era ya un hombre de negocios llamado Abhay Charan De.
Fue un amigo suyo quien lo arrastró a visitar a su guru. Cuando los dos jóvenes entraron en el templo, Bhaktisiddhanta se encontraba en la terraza, tomando un poco el fresco. Los recibió cortésmente. Sentados todos ellos en el suelo de la terraza, contemplando la puesta de sol, empezaron a discutir sobre temas filosóficos. "Mi guru quedó horrorizado cuando me escuchó decir que yo habia abandonado a Krshna para trabajar por la independencia de India"
"Tu eres un joven cultivado ¿Como puedes anteponer la independencia a Krshna? Eso es un desatino total. Krshna esta por encima de todo. Tu eres cultivado, deberías predicar la Conciencia de Krshna por el mundo entero."
Prabhupada contaba que miraba para abajo al trafico de la calle para ocultar su embarazo- Intento impresionar a Bhaktisiddhanta exagerando su devoción a la causa de la independencia de Gandhi, pero en realidad reconoció que no había invertido tanto en aquella causa. En una ocasión que el líder de la independencia convocó un boicot todas las escuelas extranjeras, Prabhupada pasó, no obstante 4 años en la Scottish Churches, uno de los mejores centros docentes de toda Calcutta. A el no le resulto duro pero su conciencia le torturaba por el hecho de estar estudiando en un centro británico.
"Yo era joven y ambicioso" le explicaba a Kirtanananda. "Queria llegar a ser un gran hombre, alguien muy rico. Asi es que no elegí. Intenté satisfacer mi conciencia y mi ambición. Completé mis estudios, pero boicoteé la ceremonia de graduación por lo que no pude recoger mi diploma."
Prabhupada siguió hablando. Lo hacia deprisa, describiendo en su inglés bengalí, la devoción de su juventud por Krshna. Diariamente adoraba en un templo cercano a su casa natal. Pero al igual que la mayoría de los jóvenes de su generación, se olvido de la religión para concentrarse en su vida familiar. En muchas ocasiones, dijo, se preguntó de lo acertado de aquella opción, pero acababa siempre aceptando sus errores para autoconvercerse de que su decisión era correcta.
"Cuando Bhaktisiddhanta me pregunto si me resultaría difícil predicar, al principio no quise reconocer que me había olvidado de Krshna y le dije que tenia mujer y cinco hijos."
Prabhupada paro de hablar y Kirtanananda pudo percatarse de que se mostraba reluctante a hablar de su vida familiar. Asi y todo le volvió a empujar ¿Y que pasó entonces?
Prabhupada le narró la historia como si estuviera todavía intentado hacer las paces consigo mismo, como si quisiera perdonarse de una imperdonable indiscreción. La simplicidad y pureza de Bhaktisiddhanta le había destrozado su bien construida armadura.
¿"Como podía negarme a él? Sus palabras calaron muy hondo en mi conciencia. A partir de aquel día la devoción por Krhsna remplazó lealtad hacia Gandhi. Empecé a leer lo textos sagrados y fue entonces cuando descubrí a Mahaprabhu".
"Espere, le interrumpió Kirtanananda, ya veo que va a empezar a hablar sobre el Señor como hace siempre. Permitame recordarle  que esta ud hablando al mejor de sus discípulos: Yo se que Mahaprabhu inventó el movimiento de Sankirtan y revitalizó el hinduismo. También se que convirtió al gobernante musulmán en Bengal. Lo que yo quiero saber es sobre su persona."
"Mi vida privada no tiene la menor relevancia". añadió Prabhupada mientras cerraba los ojos. "Yo no soy mas que un simple devoto de Krshna. Yo estoy siempre recordando que soy el sirviente del sirviente del sirviente."
"Vamos Prabhupada, no le predique al iniciado. Si yo voy a ser como Ud, tengo que saber mas sobre su persona."
"Tu puedes llegar a ser como yo si te acuerdas siempre de Krshna" Y concluyo: "Ahora vamos a cantar un rato y luego, tal vez hablaremos mas."
 
Kirtanananda frunció el ceño. Contemplaba el rostro relajado del viejo swami y miraba sus labios que se movian suavemente mientras cantaba en silencio. Cuando hubo terminado de cantar echo una pequeña siesta. Kirtanananda esperaba tan solo que se despertara.
"Cuénteme sobre su familia" le preguntó Kirtanananda después de que la azafata le hubiera servido un zumo. "Ud nunca habla de ellos. Todo lo que sé es que estuvo casado y que tuvo cinco hijos?"
Prabhupada no dijo una sola palabra. Se sentó inmóvil en el estrecho sillón del avión, agachó la cabeza manteniendo sus codos apoyados en los reposa-brazos. Kirtanananda se disponía una vez mas a hablar cuando Prabhupada levantó la mirada y dijo:
"Te lo voy a contar todo, pero solo porque al escuchar mi historia tendrías que llegar a la conclusión que para llegar a Krshna y obtener la verdadera felicidad, tendrás que renunciar primero al mundo. No puede haber felicidad si uno se aferra al mundo. Es como Krshna dice en el Srimad Bhagavatam: " Cuando yo me muestro especialmente misericordioso hacia alguien, lo primero que hago es privarle de sus posesiones materiales."
Prabhupada exhaló un suspiro profundo y continuó: "Pasaron mas de treinta años desde el día en que me encontré con Bhaktisiddhanta, yo no era mas que un padre de familia que deseaba expandir las glorias del Señor Chaitanya, el mensaje de la Conciencia de Krshna.
Cada día que pasaba hacia un poco mas por Krshna y un poco menos de todas esas ocupaciones que el mundo nos exige. Estaba muy ocupado cantando, estudiando, viajando y escribiendo al punto que mi empresa se vino a bajo, gracias a la misericordia de Krshna."
Una azafata se acercó empujando un carrito ofreciendo a los pasajeros, cafe, te, refrescos y galletas. Prabhupada aceptó complaciente unas cuantas galletas, pero rechazó los estimulantes prohibidos. Tomo un pedazo de galleta y comentó sonriente: "Esta galleta me ha hecho acordarme de mi mujer Radharani. Ella no compartía mi devoción."
Durante los siguiente cuarenta minutos, Prabhupada describió las amargas desilusiones que su mujer tuvo con él.
Radharani no pudo nunca encajar porqué él había cambiado tan radicalmente. Se había casado con un ambicioso y joven hombre de negocios y se encontró mas tarde con un predicador de Krshna.
"Se oponía ella acaso? Preguntó Kirtanananda.
Prabhupada se puso a buscar la palabra adecuada.
"Ella pretendía ser mas inglesa que los ingleses" dijo finalmente. Se había occidentalizado demasiado. Se enfadaba mucho si no tomaba su té por la tarde. Yo le ordené que parase, pero ella no hizo caso. Cada vez que salí a predicar ella se quejaba de que la abandonaba. Cuando yo le explicaba que Krshna debe anteponerse a todo, ella respondía: "Pero Abhay, yo soy tu esposa. Tienes una familia y tienes responsabilidades que afrontar." Para mi no era nada fácil. Andabamos escasos de dinero. Un día  andaba de viaje de negocios, y cuando volví me percaté de que mi Bhagavatam había desaparecido. Le pregunté a ella y me dijo que no sabia nada y se puso a llorar. Yo me mostré muy firme. Todavia me acuerdo con claridad. Al final confesó que necesitaba comprar galletas para tomar el te y lo había vendido. Yo me enfadé terriblemente pero no dije una sola palabra" Pero a resultas de este incidente, empaque mis cuatro pertenencias y me marché."
¿Y que pasó con ella? Preguntó Kirtanananda.
"Cogió los niños y se fue a vivir con sus padres. No la he vuelto a ver desde entonces"
¿Cuando ocurrió todo esto? Preguntó Kirtanananda.
"Debió ser por el año 1954." Respondió Prabhupada, visiblemente emocionado. "Yo me fui directamente para Vrnadavan donde pase los mejores 11 años de mi vida. Todo lo que hice, lo hice por Krshna. Cantaba 64 rondas al día, no las 16 que cantáis los joven americanos. 64 rondas y no las pasaba ni un solo día, aunque estuviera enfermo. Empecé la traducción del Srimad Bhagavatam y publiqué mi revista y la vendía por la calle."
Prabhupada siguió narrando la majestuosidad de los templos de Vrndavan con todo lujo de detalles. Dijo que el había vivido en la sombra de un par de humildes habitaciones, pero que siempre estuvo feliz y satisfecho hasta que en 1959 tomo por fin sannyasa. Al año siguiente publico Viaje Facil a Otros Planetas, su primer libro de los muchos que vendrían posteriormente. Terminé igualmente de traducir el primer canto, de los doce, en total sesenta volúmenes, del Srimad Bhagavatam y le regaló un ejemplar a Lal Bahadur Shastri, el primer ministro de India, "el cual recomendó encarecidamente que no faltara este texto en todas las bibliotecas de India." Prabhupada recalcó con legitimo orgullo.
"Este punto es muy importante. Gracias por contarmelo. Yo sé exactamente lo que vamos a hacer. Vamos a contar su historia al mundo entero. Lo usaremos para que los devotos comprendan que Krshna es lo primero la familia viene después. Usaremos su vida de casado como el paradigma perfecto."
"En al Conciencia de Krshna hay sitio tanto para una como para la otra." Corrió Prabhupada, refiriendo obviamente tanto a la vida de casado com a la de los solteros.
"Por supuesto, dijo Kirtanannada, no vamos a argumentar sobre ello. Siga contando. Digame como decidió venir a America."
 
  "Era el deseo de mi maestro " Respondió Prabhupada. "El quiso que yo trajera la conciencia de Krshna a Occidente. India es un país muy espiritual. Durante todos estos años fueron precisamente los misioneros occidentales quienes trajeron el cristianismo allí. Ya me estaba haciendo viejo y tenia que intentar obedecer la orden de mi maestro antes de morir"
Prabhupada contó que había solidicitado la ayuda de Sumati Morarji, la propietaria de compañía naviera Scindia, uno de los ángeles que le había ayudado a financiar la publicación de su Bhagavatam. Dijo que se había presentado en su oficina sin cita previa en mayo de 1965 y le pidió a su secretario que anunciara su llegada.
"Ella me reconoció al instante. Dijo que era una buena persona. Yo le dije que quería viajar a America para predicar la conciencia de Krshna. Le dije que quería ir antes que fuera demasiado tarde. Ud tiene muchos barcos. ¿No podría ud meterme en alguno que fuera para America?"
"Es lo mas ridículo que he oído en mi vida" respondió la Señora Morarji. Es ud demasiado viejo y en America hace demasiado frio y ademas no se interesan para nada en Krshna. Quedese aquí y predique entre nuestra gente. Nosotros lo necesitamos."
"Krishna no es solo para India, es para todo el mundo. Por favor , permitame ocupar un pequeño camarote en uno de sus barcos. Diga que si hoy y así me evitará de tener que volver mañana."
Después de una larga conversación, la Señora Moraji accedió por fin y le dio un pasaje en un carguero de nombre Jaladuta.
"Fue un viaje muy duro" Comentó Prabhupada sin quejas. "Yo me había traído mi propia provisión de prasadam, pero me sentía demasiado mareado como para cocinar. Una noche me vi invadido por un fuerte dolor en la parte izquierda del cuerpo. El dolor desapareció pero me quedé inmóvil. A la mañana siguiente volvió el mismo dolor pero mas fuerte que el día anterior. Yo estaba tumbado en mi camarote, cantando y esperando que el dolor viniera una vez mas y acabara conmigo. Pero Krishna fue misericordioso y me salvó. Lo hizo porque tenia una misión que cumplir para Él".
Cuando el barco atracó por fin en New York, en septiembre del 65, yo baje la escalona con la ropa que traía puesta, un baúl lleno de libros y una vieja maquina de escribir, así como una bolsa de cereales un juego de cacerolas para cocinar y 40 rupias"
"Todo eso que me cuenta es maravillo. ¿Porque no lo menciono nunca antes?
"No tiene la menor importancia" dijo Prabhupada.
"Si que la tiene y mucha. Es la clave para entender todo lo demás." Añadio Kirtanananda.
"Por favor, se lo suplico, dejeme que le enseñe algo sobre America. A los americanos les gustan los héroes. Trate de verlo como una película: Ud sacrifico toda su vida por un convencimiento religioso- su mujer, sus hijos, su negocio. Ud vino aquí solo, sin dinero,al país de los hippies y los ateos. sufrió dos ataques de corazón y estuvo a punto de morir. Pero a pesar de tantos inconvenientes, triunfó. Convirtió a los infieles y dio cumplimiento al deseo de de su maestro. John Huston produciría una película. Ahora lo veo con toda claridad."
Prabhupada miraba a Kirtanananda y sonreía. "Eso esta bien. Vamos a guardar silencio y cantamos un rato" Propuso Prabhupada.
"Espere, dijo Kirtanananda, tengo varias ideas para el movimiento, si nosotros…
Canta, le ordenó Prabhupada mientras cerraba los ojos.
Cuando el avión aterrizó en Delhi, Kirtanananda estaba muerto de miedo. No fue capaz de sonsacarle nada mas a Prabhupada. Peor aun no pudo convercer a su guru para que escuchara sus propias ideas. Prabhupada se limita a repetir: "Todo está en las manos de Krshna. Triunfaremos tan solo si cantamos Hare Krshna.

Se le había olvidado ya lo mucho que odiaba India hasta que puso los pies fuera del avión y fue asaltado por el calor pegajoso y maloliente de Delhi. Eran las tres de la mañana. Pero el gentío del aeropuerto le hizo pensar que se encontraba en la hora punta de Gran Estacion Central de New York. Tuvieron que esperar en una interminable cola hasta que un lento e ineficiente oficial en uniforme blanco le miraba y remiraba el pasaporte para mandarlo luego a otra segunda cola, donde empezaba de nuevo el mismo chequeo. Las moscas revoloteaban sin parar y un perezoso ventilador mandaba el aire caliente para abajo. Cuando llegó la hora de retirar las maletas de la cinta, Kirtanananada estaba ya sudando a chorros.
La salida del aeropuerto fue aun mas deprimente. Se vieron de repente rodeados de una multitud ruidosa y festiva que esperaban a sus parientes. pero no había nadie que les esperase a ellos. Kirtanananda se sentía descorazonado. Él seguramente había imaginado una escena de alguna película de Cecil B. DeMille en la miles de devotos con sus trajes se arrojaban a los pies del maestro para agradecerle el volver triunfante de America. Lo subirían en un palanquín y lo transportarían en procesión, mientras la multitud lo cubría de pétalos de flores.
Pero allí los unicos gritos provenían de los niños descalzos y de los porteadores y taxistas que se peleaban por transportar las maletas y meterlas en su taxi. Prabhupada estuvo cerrando el trato con uno de ellos y se metieron en un taxi que los condujo a través de las desiertas calles del viejo Delhi. Media hora mas tarde, el chofer se paró a la sombra de un viejo edificio y se giró mostrandoles la palma de la mano. Prabhupada sacó las 40 rupias con las que llegó a America y se las entregó. El otro no tardo ni dos segundos en embolsarse el dinero.
"Deme la vuelta" pidió Prabhupada en hindi. ¿Que vuelta? respondió el taxista.
"Habiamos convenido 30 rupias" Devuelveme mi dinero" El taxista se negó en rotundo y empezaron a discutir entre ellos. Aburrido por la situación, Kirtanananda abandonó el taxi.
"Se parece ud mas a un tipico neoyorkino que al mensajero ungido de Krshna" comentó irritado mientras le tiraba del dothi a Prabhupada. "Deje que se vaya de una vez, no estamo necesitados de dinero, necesitamos dormir y descansar."
Pero la discusión parecía no terminar nunca. Al final el taxista se bajo, abrió el maletero, tiro al suelo el equipaje y salió corriendo.
"Me engañó ese tipo" Comentó Prabhupada.
"Haribol. Estamos en el país mas espiritual del mundo." Dijo Kirtanananda sarcásticamente, mientras seguía a Prabhupada hasta la puerta ennegrecida de un templo.
Estaba cerrado. Kirtanananda golpeo varias veces la puerta. Por lo que surgió un hindú adormilado. Reconocio enseguida a Prabhupada y lo recibió con una sonrisa. Le tocó los pies y le pidió que entrara, conduciendo hasta la que había sido su habitación habitual.
Aquella especie de cuchitril estaba asqueroso. El polvo cubría toda superficie horizontal. Habia chinches del tamaño de la yema del dedo pulgar de Kirtanananda que se escondieron en las rajas del muro tan pronto como Prabhupada encendió la luz. Apiladas en los rincones habia ejemplares del Bhagavatam.
"Es aquí donde yo vivía y donde publique mi Bhagavatam" Aclaró Prabhupada muy contento. Me levantaba todos los días y cantaba, escribía a maquina, cocinaba, escribía y dormía."
El swami había descrito siempre la Jerusalem( Vrndavan) de la Conciencia de Krshna como un paraíso. Pero la visión se rompió bien pronto. Vrndavan era mucho peor que Delhi. Cuando llegaron la temperatura rayaba los 42 grados y no había un solo lugar donde escape del calor. La ciudad entera estaba cubierta por una red de cloacas al aire libre. Las mayoría de sus templos estaban abandonados y en estado de ruina. La Conciencia de Krshna agonizaba en su mismo lugar de nacimiento.
El viaje se empeoró. Una semana después de su llegada Kirtanananda atrapo una disentería que le impedía comer. Después de muchos días logró recabar fuerzas para poder sentarse, Tumbado en una cama de madera infestada de chinches en una calurosa tarde, escucho de pronto un ruido y pudo ver a Prabhupada que se lavaba las manos en el pozo del patio. Tenia alrededor suyo como un enjambre de moscas que lo cubrían por completo.
Con el tiempo Kirtanananda llegó a recuperarse y en Agosto llegó el monzón que rompió de alguna manera el sofocante calor. Los devotos empezaban a preparar la celebración del nacimiento de Krshna. El día 28 de agosto celebraba Prabhupada su cumpleaños y fue el día elegido para iniciar a Kirtananada como el primer sannyasi americano. Era en verdad un gran honor otorgados alguien tan joven. Prabhupada tenia 63 cuando se vistió por primera vez de azafrán. Ahora estaba otorgando ese privilegio a un joven de 31.
Tuvo que ser un hito importante en su vida, pero los días que siguieron representaron una tortura sin fin. Kirtanananda y Prabhupada se levantan muy temprano, a las tres de la mañana y cantaban varia horas; Kirtanananda tenia entonces que pasarse todo el día escuchando al viejo sannyasi disertar sobre el Bhagavatam y el Chaitanya Charitamrta. Pero la rutina le resultaba insoportable. El era un erudito religioso, bien podría leer los textos por su cuenta.
La visita a India tomo un cariz crítico para Kirtanananda. Estaba claro que el y su maestro diferían radicalmente en lo que respecta a como debían vestirse los devotos y como deberían ser reclutados y como se debería expandir el movimiento. Aparentemente Prabhupada no lograba comprender la mentalidad occidental. Era demasiado viejo para poder adaptarles. Kirtanananda se veía ya dando conferencias en Harvard ante un auditorio compuesto de teólogos como Harvey Cox. El podría ser mucho mas eficaz que Prabhupada ya que el conocía la mentalidad de los occidentales así como la Biblia. y podría igualmente debatir con ellos usando argumentos y comparaciones que pudieran socavar su trasfondo cultural.
El viejo había cumplido ya con su misión que no era otra que la iluminar a Kirtanananda. Habia llegado la hora de que él se rindiera a Kirtanananda, al igual que este lo hizo en su día con respecto a Él. Esa era la única manera en la que la Conciencia de Krsha podría progresar.
"Prabhupada, quiero volver a casa" Le espetó un día. "Mandeme cuanto antes para America, allí puedo hacer un gran servicio. Aquí no tengo nada que hacer."
"Te queda todavía mucho por aprender. Estamos tan solo en los comienzos. America puede esperar. Las cosas están yendo muy bien por allí. Echa una ojeada a las cartas que llegan. Estamos haciendo nuevos devotos cada día."
"Prabhupada, quiero volver a casa" Insistió
"Te podrás ir si quieres, pero no a America. Debes ir a Londres y abrir un templo allí. Mi maestro espiritual mando allí dos sannyasis en 1930 y no consiguieron hacer ni un solo devoto. Ni uno. Tu tendrías que ir y hacer tantos devotos como hiciste en Montreal. Tengo aquí ante mi una carta de  una dama muy importante de Londres que dice estar interesada por la Conciencia de Krshna. Te vas a buscarla y entre los dos empezáis un nuevo templo. Si todo va bien, yo puedo venir y dar iniciaciones."
Kirtanananda le ofreció sus reverencias. Tomo el dinero que le ofrecía Prabhupada y compró un billete sencillo. Para Nueva York.
La luna de miel de Krishna terminó ese día. El rechazo de Kirtanananda de irse a Londres fue el primer desgarro de un movimiento que estaba abocado a fracturarse en mil pedazos.

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