No se necesita de devotos puros para tener éxito institucional

Por Aniruddha Das

Leí el artículo de mi querido hermano Prahladanath Prabhu, y apreció mucho sus realizaciones sobre del canto sincero, puro de los Santos Nombres. Sin duda, si tras la lamentable y prematura partida de Srila Prabhupada los líderes de su movimiento Hare Krishna hubiesen acatado celosamente su instrucción matriz de cantar por lo menos dieciséis rondas sin ofensas diariamente, otro gallo hubiera cantado en el corral de ISKCON. Sin duda, hubiese prevalecido el ambiente “Vaikhunta” y se hubiera hecho realidad la “casa donde todo el mundo puede vivir” en paz y felizmente dedicado a la práctica nona del servicio devocional.

Sin embargo, quiero acotar aquí que bajo ningún concepto es necesario, mucho menos imperioso, que los líderes de una agrupación Hare Krishna tengan que ser devotos puros para impulsar una exitosa misión de prédica, en la que todos los miembros participen entusiasta y jubilosamente.

Sólo son necesarios, para resumir, tres cualidades: integridad, sinceridad y tratar a los demás con todo el respeto y consideración que se merecen como personas (jivas).

Tengo una excelente relación con Ann Von Han, la directora del los Brahma Kumaris en Guatemala. Tenemos más de 30 años de conocernos y siempre me invita a funciones importantes de su centro. Yo participo yendo con mi sikha, tilaka, dhoti y japa. Incluso, en ocasiones me han permito dar charlas sobre la conciencia de Krishna y cantar Hare Krishna. Me respetan por mantener mis principios y mi postura filosófica. Ann hasta lee los libros de Srila Prabhupada.

En fin, el tema es que la última vez que nos vimos (agosto, 2008), Ann me entregó un trifoliar con información de los Brahma Kumaris a nivel internacional (www.bkwsu.org). ¡Sorprendente!: más de 500 centros dispersos en 115 países del globo, 20 comunidades agrícolas orgánicas autosostenibles —las más sobresalientes en Rusia, Alemania y África—, etc. Y más de 2 millones de miembros activos. La sede principal, ubicada en Monte Abu, Rajasthán, India, es un complejo monumental impresionante.

Cuando le pregunté a Ann a qué le atribuía el fenomenal éxito de la institución a la que pertenece, me dijo con una dulce sonrisa dibujada en los labios: “La razón es que todos nos tratamos como hermanos; nos ayudamos mutuamente y compartimos desinteresadamente nuestros conocimientos. No tenemos a ningún líder institucional o “máximo” a quien debemos someternos o venerar. El único maestro y preceptor es nuestro fundador Dada Lekhraj Brahma (1884-1969) Aunque las “dadis” fungen como directoras, en realidad todos nos tratamos como iguales. No hay jerarquías, sino un sentido profundo y sincero de fraternidad. A eso le atribuyo el éxito de nuestra misión”.

¿No suena familiar a trinad api sunichena taror api sahisnuna y, una expresión concreta de na dhanam na janam na sundarim? Es innegable que el deseo de tener seguidores es lo que ha arruinado la misión de Srila Prabhupada. Si en 1978 los prabhus advenedizos y prepotentes hubiesen tenido la humildad suficiente como para sacrificar sus egos y renunciado al “derecho” de iniciar discípulos para sí, oh, yo estoy completamente seguro de que el movimiento Hare Krishna estuviera pujante en el mundo entero. Hoy día, presenciar lo que ha sucedido en él desde 1977 llora sangre.

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