A visita de Hridayanada



Por Prahladanath das (ACBSP)

Oct 26, BOLIVIA (SUN). Sripadambuja estaba al teléfono con Hridayananda. Preparaban juntos la primera visita de éste a Bolivia, y el presidente del templo quería que todo saliera bien. Era 1978 e Iskcon estaba implantando el nuevo sistema de gurus después de que Srila Prabhupada dejó este mundo.

—Sí, Acharyadeva, ya reservamos la Suite Presidencial en el mejor hotel de cinco estrellas para su estancia.


—¿BOLIVIA? ¿DÓNDE ESTÁ ESO?

—Y consigue una escolta de la policía para que me acompañe al hotel. El maestro espiritual es más importante que el Papa —le dijo Hridayananda descaradamente.

—Esto nos va a costar muchísimo, así que necesitamos hacer un gran maratón para recabar los fondos que necesitamos para satisfacer sus peticiones —me dijo después Sripadambuja.

Estábamos ansiosos esperando la llegada de Acharyadeva. Casi todos los devotos eran jóvenes, nuevos, pero habían adoptado la Conciencia de Krishna con mucho ahínco y entusiasmo. Todos estaban contentos de tener su asociación personal por primera vez en Bolivia. Después de todo, él era el sucesor de Srila Prabhupada y Su Divina Gracia personalmente lo había nombrado para predicar y encargarse de Sudamérica.

Nos habían dicho: “Él tiene un cerebro trascendental”. Así, no podíamos esperar más a que llegara.

Todos los devotos fueron al aeropuerto a recibirlo con guirnaldas, pétalos de flores y un kirtan extático. Lo vimos salir luego de pasar por inmigración y la aduana. Hicimos que subiera a un modernísimo automóvil que le habíamos rentado para que lo llevara al hotel. Dos policías con sus grandes motocicletas dirigieron la improvisada procesión, abriendo el paso con sus sirenas hasta que llegamos al hotel.

—El hotel está bien, es adecuado. Pero, ¿realmente tiene una Suite Presidencial?—. Le aseguramos a Hridayananda que sí.

Habíamos preparado y anunciado ampliamente un gran programa nocturno a celebrarse en el salón de convenciones más grande de este hotel, con capacidad para 500 personas cómodamente sentadas. El prasadam sería servido por un equipo de meseros bien uniformados. Usaron elegantes platos para el prasadam y finos vasos de cristal para el néctar. El ambiente era impresionante y todos estaban felices.

Hridayananda inició la conferencia con su español aceptable pero mediocre. Sin embargo, en medio de ella empezó a ponerse irritado —quién sabe por qué— y comenzó a recalcar una y otra vez que la sociedad karmi es muy baja y degenerada. Criticó a los miembros de la sociedad karmi hasta ponerse muy grosero. Se hizo evidente que no podía verle ninguna buena cualidad a la gente de la audiencia, y en vez de mostrar respeto —y qué decir compasión— por quienes habían aceptado venir al programa motivados por la propaganda que habíamos hecho, simplemente los atacó por ser “caídos” y “bajos”. Tampoco le mostró ninguna gratitud a su maestro espiritual quien le presentó esta magnífica oportunidad de predicar, ni mostró aprecio alguno por los devotos que organizaron este evento tan importante y costoso.

La gente que asistió al evento, quienes en su mayoría eran personas acomodadas y de buen nivel social (abogados, doctores y profesionistas en general), no pudieron escuchar un mensaje edificante que despertara su conciencia de Dios. Por el contrario, les tocó escuchar a un tipo agresivo diciéndoles todo tipo de insultos. Esto los hizo sentir muy incómodos y decepcionados.

Durante la sección de preguntas y respuestas, un abogado se levantó y trató de hacer una pregunta. Pero Hridayananda lo cayó casi gritando: —No tienes derecho de hablar porque comes carne y eres un ignorante.


A una dama la trató por el estilo. Otro caballero levantó la mano, se anunció como abogado y dijo: —Con todo respeto, señor, venimos a escuchar una conferencia espiritual… No creo que tenga derecho de tratar así a una dama—. Hridayananda le contestó: —Sí, sí tengo derecho porque soy un maestro espiritual y he venido a enseñarles a ustedes, come-carnes—. A estas alturas me sentí tan avergonzado y humillado que ya no pude soportarlo más. Me salí y fui a la Suite Presidencial a esperar.

Mis padres y dos hermanas habían vendido a saludar al Maharaja desde Oruro (a 400 Kms. de distancia). Al concluir la conferencia lo trajeron al hotel de cinco estrellas. Aquí continuó con su furia criticando y menospreciando todo y a todos. Yo me sentí muy incómodo cuando empezó a gritar y a pelear en frente de mis padres. Esto era exactamente lo opuesto de lo que yo les había explicado que era la conciencia de Krishna. A ellos les gustaba nuestra filosofía y hasta se habían vuelto vegetarianos.

Mientras esperaba en la habitación del hotel luego de abandonar la conferencia, de repente llegó Hridayananda viéndose agotado. Se tiró en la cama y dijo en voz alta: “¡Oh! ¡Krishna, Krishna! ¡Qué lugar! ¡Qué país! Estamos en sudra-loka, por favor dame misericordia. No puedo más…”.

Al ver y escuchar esto me sentí más preocupado y no sabía cómo decirle que mis padres habían llegado para saludarlo. —Srila Acharyadeva, discúlpeme por interrumpirlo pero mis padres vinieron de Oruro, la ciudad donde viven. Condujeron cinco horas para estar en el evento y saludarlo. Les hablé mucho sobre usted.

—¿De veras tengo que verlos? —me contestó él. —Diles que esperen en la otra habitación—. Luego de diez minutos salió de su recámara y les dijo: —Gusto en verlos. Así que son los padres de Prahladanath. Gracias por venir pero me siento un poco agotado y necesito descansar.

—Sólo queríamos saludarlo porque vemos que nuestro hijo mayor lo sigue con mucho entusiasmo. Le pido que por favor lo cuide bien. No se preocupe, ya nos vamos. Gusto en conocerlo —le respondió mi padre.

Se fueron, y sucedió lo que me sospechaba. Se llevaron una terrible impresión de su único encuentro con Hridayananda, y perdieron cualquier interés por la conciencia de Krishna que yo les había inculcado en el corazón. Retomaron sus viejos hábitos y hasta empezaron de nuevo a comer carne. Nunca mencionaron nada sobre esa frustrante experiencia. Ellos siguieron respetando mi convicción de ser un devoto, pero su encuentro con Hridayananda cambió la impresión que tenían y durante años no quisieron hablar del tema.

Pocos pueden mostrar la arrogancia y el desdén de Hridayananda hacia otras personas. Es evidente que él estaba infeliz a pesar de todo el esfuerzo que hacíamos por complacerlo. “Esta es Sudramérica… Estoy rodeado de sudras”, fue su mantra favorito durante esa desafortunada visita.

Hridayananda abandonó Bolivia sin dejar nada positivo ni constructivo. Al contrario, todos los que estuvieron en contacto con él sintieron amargura en sus vidas. Y nunca regresó. Se olvidó por completo de los discípulos que había iniciado y de los que deseaban y esperaban ser iniciados por él. Un par de años después Jayapataka Swami fue nombrado GBC de Bolivia, y ha estado visitando Bolivia regularmente desde entonces.


¿Recibimos alguna explicación sobre la decisión de Hridayananda de no estar viniendo a Bolivia? No. ¿Pidió una disculpa por el daño que le hizo a nuestro trabajo de prédica? No. Simplemente ya nunca escuchamos nada de parte de él. Hridayananda nos decepcionó desde todo punto de vista. Y ya me había olvidado de todo, pero al leer la carta de Harinamananda decidí relatar este incidente tan triste.

Hay otra razón que me animó a escribir sobre este incidente. Un amigo muy querido me dijo que Hridayananda había visitado Perú recientemente [a finales de septiembre, antes de ir a México], y que “había tenido una prédica exitosa”. Me dijo que Hridayananda hizo reír a todos y que la pasaron bien. Que de forma “muy inteligente” había dado un discurso de una hora y media, aunque en ningún momento pronunció una sola vez el nombre de Krishna. Aunque Srila Prabhupada le había ordenado que visitara Perú y Bolivia regularmente para ver a los devotos y el desarrollo del Movimiento, regresó a Perú después de muchos años a predicar su versión fabricada y distorsionada de la filosofía de Conciencia de Krishna. Todo el tiempo en Perú estuvo “predicando” vestido de karmi y con una gorra de béisbol. Estaba tan cubierto por maya que ni se dio cuenta que el supuesto mensaje que estaba transmitiendo no contenía el Santo nombre de Krishna. ¡Qué filosofía tan maravillosa la suya!

El recuerdo sobre lo que pasó en Bolivia había permanecido todo este tiempo en mi corazón. Pero es tiempo de que todos lo conozcan. Sabemos que Srila Prabhupada lo puso a cargo de Bolivia pero él sintió que este país era muy bajo para él. A pesar de esa percepción suya, la prédica continuó y mucha gente se interesó, se inició para convertirse con el tiempo en devotos respetables y firmes.

Mi opinión personal es que Srila Prabhupada hubiera estado muy decepcionado con Hridayananda. Y no sólo él, sino también miles de personas bien intencionadas, como mi padre y mi madre.

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